Saltar a contenido
Detalle de Vademécum.

Santo remedio

Vademécum, muestra fotográfica del argentino Emmanuel Borao en el Centro de Fotografía
Obra de Albano Afonso.

Selfie-made artists

Muestra colectiva "Sobreexposición", hasta el 27 de agosto en el Espacio de Arte Contemporáneo
Foto principal del artículo 'Diagramando épocas'

Diagramando épocas

Retrospectiva de Horacio Añón, en el Museo Nacional de Artes Visuales, hasta el 23 de julio.
Obra de Walter Deliotti.

El tronco y sus ramas

Bajo la corteza. Walter Deliotti, Hugo Giovanetti, Mario Lorieto y Manuel Otero. Curadora: Sonia Bandrymer. Museo Gurvich (Sarandí 524), hasta el 21 de julio.
Foto principal del artículo 'La bolsa y la vida'

La bolsa y la vida

“Quiso tirarse bajo el vagón, pero le fue difícil desprenderse de la cartera, cuyas asas se le enredaron en la mano, impidiéndole ejecutar su idea con aquel vagón. Tuvo que esperar el siguiente. [...] Y en el preciso instante en que ante ella pasaban las ruedas delanteras, Ana lanzó lejos de sí su cartera y, encogiendo la cabeza entre los hombros, se tiró bajo el vagón”. Así, en lo que sigue siendo, quizá, el más famoso suicidio de la literatura mundial, el de Ana Karenina, León Tolstói inserta el detalle de la cartera como último atasco (o, al revés, la última posibilidad de salvación, no aprovechada) y, en cierto sentido, como metáfora del mismo personaje, ya que antes de tirarse, tira el “saquito de viaje” (así se ha traducido al español, en ocasiones, “la cartera de Ana”).
Foto principal del artículo 'Artista con todas las letras'

Artista con todas las letras

Que “nuestro” primer artista polifacético de peso, Juan Manuel Besnes e Irigoyen, haya nacido en el año del comienzo de la Revolución Francesa, en la lidiante España y, más precisamente, en San Sebastián tiene algo de sugestivo: la Historia -mejor dicho, su metódica representación- será uno de sus intereses principales, aunque trasladada al continente y a Montevideo, la ciudad a donde llegó cuando tenía 20 años. Ahora, el renovado Museo Histórico Nacional (MHN) -posiblemente el más acogedor que tenemos en la actualidad, luego de una reforma importante que revitaliza la morada colonial de Juan Antonio Lavalleja y une cálidos ambientes amueblados en forma refinada con el banano exuberante del patio- le dedica una generosa y merecida retrospectiva.
Beso de Ana e Isaac, de Giotto di Bondone.

750 años del nacimiento de Giotto di Bondone

Un aniversario tan contundente, de tres cuartos de milenio, puede incitar a una magnificación exagerada. Sin embargo, hablando aquí de Giotto -cuyo nacimiento la mayoría de los expertos ubica en 1267 en Vicchio, provincia de Florencia-, no es nada hiperbólico sostener que la idea occidental de realismo, a nivel visual, tiene su raíz en la producción pictórica del toscano. Tras él, la mirada sobre la realidad y la forma de representarla asimilaron rasgos que se han refinado enormemente, pero que conservan siempre aquella pulsión “mimética” de la vista que Giotto promovió, en detrimento de la rigidez y chatura (absolutamente buscadas) típicas de la cultura bizantina que lo había precedido.
Nelson Ramos. Nada del arte le
fue ajeno. Exposición antológica.
Curador: Ángel Kalenberg. Museo
Nacional de Artes Visuales (Tomás
Giribaldi 2283). Hasta el 12
de febrero.

Caos calmo

Plaza Juan Pedro Fabini. / foto: pablo vignali

Doble entrevero

Muchachas en el campo.

El mundo cuadrado

“Me he transfigurado en el cero de la forma y me he rescatado del lodazal de inmundicias del arte académico”. Eso proclamaba, altanero y drástico, el ruso Kazimir Malevich (1878-1935) en su Manifiesto suprematista de 1916, estableciendo los dos polos de su acción renovadora, embebida de agitaciones socialistas y radicalismo futurista, rociados con generosas gotas de misticismo: por un lado, la regeneración formal mediante un abstractismo rigurosamente geometrizante; por el otro, una separación neta de la encorsetada retórica realista decimonónica. Antes de llegar a aquel punto álgido -para su carrera y para el panorama pictórico del siglo XX-, Malevich atravesó distintas fases e inquietudes, acumuladas en la primera sala y parte de la segunda de la no muy extensa (unas 50 piezas) pero sí muy intensa retrospectiva que le dedica Fundación Proa.