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Dislocados y contentos

Uno de los nudos de este nuevo libro de Gabriel Peluffo Linari, que cabe ubicar en la categoría de “teoría del arte”, es -muy acertadamente y ya desde su título, "Dislocaciones"- la cuestión territorial, en términos de dinámicas espaciales, físicas y políticas, y la inserción en ella de la producción artística contemporánea. Esta obra no fue escrita como tal; se trata de una recopilación de varios artículos que, de forma variada, pero firme y consistente, explicitan su lugar de gestación y “salida”: Latinoamérica, Uruguay.

Verde esperanza

Ya pasaron unos días desde su fallecimiento -murió el 19 de junio-, pero en internet no se apagan los comentarios sobre los últimos meses del artista argentino Nicolás García Uriburu, funestos por una querella familiar propia de una telenovela, tristísima y en la que no vale la pena ahondar: básicamente, su hija Azul quiso declararlo incapaz de gestionar su obra, pasando ella a manejar su patrimonio artístico y otros bienes, y él se defendió denunciando los hechos públicamente, en el diario Clarín y durante la última feria ArteBA. No se sabe todavía qué va a pasar con la herencia “física”, pero sí se puede reflexionar sobre su herencia intelectual, ya que es indudable que su nombre es uno de los cuatro o cinco más conocidos internacionalmente de nuestros lares.

Bazar de imágenes

Es arduo encontrar un hilo conductor en los trabajos propuestos por Guillermo Baltar para esta nueva edición de "De cajón: fotografías encontradas" (iniciativa que involucra a diferentes instituciones: la revista Dossier, la embajada de México, el Centro de Fotografía, la misma Fundación Unión que la alberga). Sin embargo, el título está muy bien elegido: por un lado, una especie de principio de heterogeneidad a toda costa, lo casual de un cajón; por el otro, un risueño entusiasmo, en este caso por las imágenes.

El Bosco de las delicias

Cuando en 2014 se lanzó un libro para niños que reproduce, redibujados, fragmentos del Jardín de las delicias de Hieronymus Bosch, pensado para que los impúberes saturen con vívidos drypens los maduros delirios del artista flamenco, se dio una especie de inversión de roles: los grandes coloreando como los chicos y los chicos pintando cosas de grandes. Parece una situación estrafalaria más entre tantas impulsadas por el imaginario de El Bosco, el pintor más brillantemente oscuro del “Renacimiento nórdico” y, sin duda, uno de los más influyentes.

Apocalíptico e integrado

La cuestión de si Umberto Eco fue, narrativamente, un autor posmoderno, como se lo “acusó” de ser luego de su primera incursión en la narrativa (tardía, a los 48 años) con "El nombre de la rosa", pierde todo sentido en nuestros tiempos, que todavía no hallaron una etiqueta como aquélla para definirse. Sin embargo, Eco -fallecido a causa de un cáncer el viernes, a los 84 años- había anticipado y luego desarrollado un rasgo fundamental de la posmodernidad: la fluidez para pasar de los tópicos y nombres más serios a los triviales, sin pudor ni encorsetamiento, pero a la vez, y a diferencia de una parte ingente de los posmodernos, sin perder casi nunca su típica claridad y agudeza de análisis.

¡Esto es un animal, cultura!

Posiblemente el nombre de Rembrandt Bugatti sea el más altisonante de la historia del arte moderno. El artista se suicidó hace un siglo, el 8 de enero de 1916, abrumado por la Primera Guerra Mundial y por la depresión: adorado por una franja restringida de público desde su aparición, en los últimos 20 años se ha convertido, más abiertamente, en un escultor clave del pasaje del siglo XIX al XX, y en uno cotizadísimo: en los grandes remates, sus piezas más contundentes superan con agilidad la barrera del millón de dólares. Curiosamente, la misma mezcla de artista atormentado con predilección por los animales y horrores de la guerra se halla en un pintor alemán, de cuya muerte este año también se cumple un siglo: Franz Marc.

Pequeño elogio de la disfunción

Luego de haber despertado los sentidos tomándose un café en "Objeto" (1936), con la taza forrada de piel, de Meret Oppenheim, y poniéndose los "Lentes para faquir" (1960), con clavos apuntando a los ojos, de Daniel Spoerri, tal vez, sobreviviendo, se percibiría más claramente un interesante recorrido que establecen tres exposiciones de la Temporada 20 del Espacio de Arte Contemporáneo (EAC), aun siendo muy distintas entre sí.

La mujer visible

No es nada casual que la primera sala de la exposición "El legado (in)visible. Devenires de hypomnema", de Alejandra González Soca, que ocupa el ala derecha de la planta baja del Cabildo, produzca una fascinadora escena fantasmal a base de vestidos de novia. La exposición no sólo visibiliza de forma libre y eficaz la microhistoria femenina de un siglo lejano en Uruguay, sino que también “museifica” otra historia, la de una burguesía donde convivían lo hacendoso y lo clasista, así como lo moralista y lo hipócrita.

Cinético poético político

Entre las varias figuras total o parcialmente olvidadas del arte uruguayo de la segunda mitad del siglo XX, no cabe duda de que Jorge Caraballo, fallecido en 2014, es una de las que más merecían un pronto rescate. La exposición curada por Manuel Neves, que ocupa “el anillo” del Museo Nacional de Artes Visuales, propone un recorrido por la obra de este artista polifacético y discreto.

Está, no está más, estuvo, estará

Esta decimonovena temporada del Espacio de Arte Contemporáneo (EAC) no es la que cuenta con las mejores obras presentadas en los cinco años de existencia del museo, pero seguramente es una de las que más cohesión despliegan: el diálogo entre casi todas las exhibiciones que la componen.